sábado 11 de julio de 2009

Empeñarse y conseguirlo

¿Quién no puede escribir una obra de arte?

Tú, por ejemplo. Sabes que en tu puta vida vas a crear una obra de arte. Ni pictórica, ni escultórica ni arquitectónica. ¿Literaria? Tendrías que recluirte en un monasterio o en un ascensor con plantas y paradas hacia... ¿hacia dónde? hacia el infierno: planta menos uno, planta menos dos, planta menos cinco, planta menos equis. Me impresionó ese cuento de Buzzati; el del ascensor, el del hombre que se enamoró de la adolescente, el de la adolescente que gritó desesperada.

Lo que me preocupa ahora es saber por qué la gente es tan gilipollas cuando se empeña en hacer el gilipollas hasta extremos infantiles. Eso sí me interesaría descubrirlo.

Tengo que resolver la duda cuanto antes porque estás toda la vida preguntándotelo y no es tarea de vida estar así toda la vida y más vida que te queda sin saber lo que te queda. De vida, digo.

Mi segunda preocupación es ganar a los bolos y mirar de refilón a..., bah.

Pelirroja subjuntiva Personaje

Guardar como: “Vivir en subjuntivo”.


El escritor no soy yo sino Minuto. Minuto es el nombre de un personaje del libro de un noruego, o de un sueco, o de un escritor lapón. Lo recuerdo pero no quiero decirlo. No me da la gana revelar quién es el autor que nombra y hace sufrir a sus personajes con nombres como Minuto. Encima de la mesa lo tengo. Edición de 1943. Editorial Aretusa. Ya lo reseñará el borracho de los martinis.


Ha sido nombrar a Minuto para que comenzase a dar la hora el personaje.


Libro recuerda cómo Minuto se hacía cargo de la compra en una novela.

Voy despacio.


Leo La catira de Cela. La catira hay que leerla tan despacio como puedas. Leerla como si estuvieses metiéndole mano a una compañera de mesa de biblioteca que ni conoces ni hasta hoy se había dejado conocer.


Este hecho tuerce irremediablemente el destino del post.

Hoy, una chica de unos treinta y cinco años se ha dejado rozar. Corrían los minutos y el personaje protagonista de la acción sólo alucinaba. Él recordaba cómo esa pelirroja en otra ocasión no muy lejana en la semana, lo había mirado. Hoy no, hoy nadie ha mirado a nadie. Personaje estaba leyendo y subrayando los apuntes de Derecho Administrativo cuando Pelirroja se ha mesado el cabello y ha sugerido, ha levantado el pestillo, y con dos ojos, con sólo dos ojos, ha mirado a Personaje. Interés. Ella miraba con interés.


Personaje no ha perdido el tiempo y por ser viejos conocidos, -una, dos semanas coincidiendo en la biblioteca del parque- ha lanzado a sus dedos a la expedición, a la selva, a soportar quizás dos hostias allí en medio, allí en mitad de tantas cabezas cabizbajas, con rotuladores fluorescentes y ventiladores de portátiles arrancando. Personaje decidido, ha jugado con sus dedos sobre la pantorrilla de Pelirroja. Pelirroja ni hostias ni nada. Pelirroja abría las piernas pero Personaje frena. Personaje no quiere que su entrega sea considerada un mero reflejo fast food. Este pensamiento le hace recobrar la cordura y vuelve a colocar los dedos sobre los apuntes donde ahora sólo intuye muslos femeninos postuniversitarios. Gobierno de los Representantes.

Representantes: Pelirroja y Personaje.


Pelirroja nunca ha hablado con Personaje. Primera deducción: Personaje tampoco.


Pelirroja está agobiada con el examen de la semana que viene. Personaje está ahí para calmarla.


En la vida real sé que estas situaciones son tan verídicas como la que cuento ahora. Si no albergasen un pizco de realidad, ¿qué sentido tendría narrar que Pelirroja aprobó el examen y Personaje dejó a su novia de toda la vida?

jueves 25 de junio de 2009

Quiero enloquecer

Mi lengua es una lagatija que hace el "cunilinguis" (¿?) very well. ¡Puag!

Pues sí, ya me ha llegado. Qué duda cabe. Ninguna. Tanta frase hecha y tanta polla...

En el barrio todos han dejado de comer para leerla, y de respirar para escribirla. No, para escribirla no, para vivirla. Sí, me ha llegado. Voy a reservar la lectura del texto para el fin de semana, para las dos madrugadas del fin de semana. Sí, las enumero, vamos a aclararnos. Madrugada primera, de viernes a sábado; no hay whisky porque los viernes de madrugada no bebo whisky. Madrugada segunda, de sábado a domingo. Por cierto, ahora que me acuerdo, si algún día decido enloquecer escogeré estas horas de la semana, las que transcurren desde las una de la madrugada a las cinco del sábado al domingo. En esa madrugada, como en las madrugadas santas, sí habrá whisky.

Novela corta, por lo que puedo ver. 163 páginas. El ayudante de mi librero, Antonio -que sabe mucho más que todos los profesores de mi universidad de literatura- me dice que sí, que es corta pero que parece densa. No la ha leído pero se la voy a dejar cuando la termine. Él me ha regalado ya, bajo cuerda, otros tantos libros de empedernidos de la literatura. Faltaría más.

Este post podría haberlo escrito allí. Pero no me interesaba. De hecho, no se lo he enviado a B. Él, que es mi amigo desde 1º de BUP, será quién después hable más y más y mucho más sobre ella, de la novela, que parece densa pero que a simple vista es corta -ya lo he dicho, ¿no?-, de tarde entera de sábado (bueno, todo dependerá de la mierda de velocidad lectora que tengas).

Él se ha vuelto fan del Olmos. Ni que repartiese chupa-chups. Además, aquél empieza a levitar y a mí no me gusta que la gente a la que aprecio levite, más que nada porque parecen monigotes del Harry Potter. Se vuelven feos y todo, se endiosan. Kafka nunca levitó, sólo escribió. Faulkner tampoco levitó, sólo escribió. Ni Buzzati, que sólo escribiría ni Dostoievski que escribió y escribió. Ninguno levitó. Los escritores que empiezan a levitar terminan haciendo el ridículo. Cuántos se han puesto a levitar últimamente. Yo he dejado de leerlos. Que les den por el culo. Pero éste aún no levita. Sabe dónde está. Además, se intuye que entiende y que sabe conjugar el futuro que le espera. A ver si algún día me tomo una caña con él y le digo lo bien que escribe y me manda a tomar por allí, sí, también. Es capaz. Ahora me da vergüenza decírselo, vaya a levitar de verdad y a joderla.

Este texto no está revisado y menos bosquejado. Últimamente no actúo así. Reviso cada palabra que escribo. Me da vergüenza sacar en pelotas a mis amigas por muy buenas que estén, así desnudas, con sus vocales y consonantes sonrojadas, como fotografiadas en un campo nazi.

A mi me gustaría enloquecer y escribir como un loco pero vamos a dejarnos de gilipolleces y vamos a seguir con la vida como mejor podamos, con la mujer y con los hijos, con el curro y con las lecturas, las escrituras y la madre que me parió. Tirando, que es un gerundio muy español y muy de aquí.

Que de quién hablo. Joder, perdonad. La obra a la que me refiero aquí es a El estatus de Alberto Olmos (Lengua de Trapo, 2009). Por cierto, apunto para el fin de semana que debo escribir a las zagalas de Lengua de Trapo para señalarles una errata en la solapa de la contracubierta. Donde se lee Las lagatijas huelen a hierba debieran haber escrito Las lagartijas huelen a hierba. Son detalles que definen a una editorial. Yo lo pienso así. No me gustan las erratas en las editoriales que tengo como referencia y en las que me gustaría trabajar.

En la web les pasa igual. Pinchas el libro del Olmos y te tranportan al libro de Manuel García Rubio que aparece por error; nada más que por eso, se ha llevado el premio de "Te va a leer tu santa madre".

Tampoco me gusta el café frío, y lo digo, y si me lo bebo, vomito. En el Colegio Mayor donde estuve preso tres veranos, allí en el corazón de Zaragoza, me daban café solo con cubitos para vomitar las borracheras. Pero son cosas más íntimas y no me gusta contarlas aquí, vayamos a escandalizar a los lectores.

Ah, por cierto, no me voy a leer tampoco el libro de las lagartijas de la Andrade. No me gusta la portada.


jueves 18 de junio de 2009

Venga, hazlo

Tú, con quien sueñas es con él. No te sonrojes. Debes hacerlo, debes ser toda una reacción exotérmica. Lo endotérmico está oculto entre las vaporosas faldas de la timidez. Tú, airéalo, mujer, estás en tu derecho, tienes derecho.

martes 2 de junio de 2009

Salgo del anonimato

Yo abrí este blog con el fin de escribir oraciones coordinadas y subordinadas de sustantivo y relativas desde el anonimato, siempre desde el anonimato. Pero no. Ahora ya, casi todos los lectores de este blog, saben que me llamo José Ignacio Peinado García y que vivo en un pueblo de Jaén: Úbeda, que es Patrimonio de la Humanidad (qué gilipollez). Por eso me voy por los cerros de Úbeda con más frecuencia de lo que mis lectores desean. Os tenéis que joder, lo siento. Tenéis que pagar un precio por leerme y que este precio me sirva para seguir escribiendo sandeces. 

Olvidé decir que Peinado es por parte de mi padre y que García es el apellido de mi madre que era puta o así: por la puta de mi madre que da igual como presentes las palabras, si ordenadas o desordenadas. El sujeto es un mequetrefe que agacha la cabeza ante el verbo. Mi madre era puta, sí. Era a su vez hija de puta. La Guerra Civil hizo a muchas mujeres putas. Esto no sé dónde lo he leído pero lo he leído. O me lo he inventado, no lo sé. La gente no se lo cree cuando lo cuento. Es como cuando te dicen: "¿Ése qué es?". Y tú contestas: ¿Ése? Ese es un gilipollas (porque solemos adjuntar el gilipollas como si fuese un archivo -adjunto de un correo electrónico que no es postal y que no lleva sello y que ensalivas con pizcas de café cortado y que se queda seco cuando el destinatario lo abre y dice y piensa que eres un puto guarro -el puto es otro adjunto, jaja, qué risa-). ¿Ése? Ese es médico. Y esa, puta como mi madre. Nadie responde: "Ese es un hombre y esa una mujer"La gente me mira entonces con cara de gilipollas y se calla y pide la cuenta y se levanta y se va.

Nadie quiere estar ya conmigo. No sé si es porque mi madre era una puta o porque soy un gilipollas. 

Pero me da igual todo. Ahora todo me da igual porque estoy escuchando Say (All I need). Y yo no necesito nada para volar: ¡levito solo!

Me gustaba escribir desde el anonimato pero se esfumó el deseo. De todas maneras, la vergüenza me sume en un estado de apollargamiento y me hace reconocer que me falta más lumbre. Voy a por fuego (pero sigo sin fumar -4 meses o dos cojones, da igual-)

domingo 31 de mayo de 2009

Diarrea editorial

Y tú, ¿qué? ¿Qué estás leyendo ahora? No quiero saberlo. Cállate, por favor. Así me gusta. Seguro que no estás leyendo a Moncure; tampoco a Chejfec, ni a Salter, menos a Vollman. A Musil ni en sueños. (Risas encontradas) -¿cómo son esas risas, pollo?-. 

Tú eres un insulso, que lo sepas. O insulsa con A mayúscula. Tú eres un insulso porque ahora lees diarrea editorial. Defíname diarrea editorial, Sir. Y un cojón. Abre el ABCD de esta semana por la página 22 y lo que ves, todo eso es diarrea editorial. La diarrea editorial esta semana es fétida, como siempre. Bueno, hay un título que no sé qué hace ahí. Y no lo sé porque Acantilado no produce diarrea editorial. No. De verdad. Entre mis manos tengo uno de sus libros. Son suaves, como el pecho de una moza recién aseada y lubricada. Sí. 

Sé lo que lees porque esta mañana una cuñada -que tiene un culo de verdad- me ha preguntado que si me he leído la trilogía del Larrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrson. No, cuñada, no. Léela por mí y me la cuentas, por favor. Sólo era por preguntar, cuñado, cómo te pones, por Dios.

Yo, lo que debería montar es algo parecido a una tienda de antigüedades. Y hacerme viejo ahí, sacándole brillo a los muebles. Y llevarme a la tienda tochos de libro como el que he acabado hoy. Sí -estoy aseverativo hoy, y enunciativo, que me he enterado-.

Hoy por fin he acabado El hombre sin atributos de Musil Deloscoj. Cuando he cerrado el libro no sabía si era Musil o Berhnard. Yo los comparo. El otro día se reían de mí en la librería porque los comparaba. Es verdad. (Me da igual que se rían de mí, me suda que se rían de mí). Mi ego siempre es más listo y más grande, como una montaña de azúcar chupa que chupa... 

Ahora seguro que vienen dos listos aquí -los listos siempre acuden a blogs como el mío- y dicen que si soy gilipollas al comparar a Bernhard y Musil. Dejad que haga lo que me dé la gana con mis comparaciones. Son comparaciones cósmicas y tiranas. El primer término de la comparación siempre es macho y se llama Marín y el segundo hembra y obedece, al clamar entre los cardos del campo, al nombre de ¡Jimena! Y Jimena se apresura a venir porque es la segunda parte de mi comparación. Las comparaciones suelen ser humo, humo humano, como el título del libro de Nicholson Baker (que no tengo ni puta idea de quién es)

¿Y después de la crisis qué? 

Después de la crisis seguiremos bebiendo aceite de oliva virgen extra al cubo. Eso no lo duda ni Dios. 


jueves 28 de mayo de 2009

Muerte Canina

Dejé de besar perros cuando cumplí los 18. Escribo esta frase para introducir este blog pero esa frase no tiene nada que ver con lo que quiero decir y menos, explicar. Cambio de manivela.  

El blog es de un amigo. De un escritor de aquí y de su amiga Marisa, que es de Sevilla -y que está buena, parece-. Ella fotografía sus relatos y él escribe sus fotos. Es así de sencillo. El primer post no me ha defraudado, Jesús. Lo que quiero ahora es que me saques de la duda: ¿lleva o no lleva sujetador la viuda de la foto? Estos detalles dan vida a mis íntimas metáforas. 

La unión es efervescente. Qué gusto. ¿Voy llamando al editor?

No sólo de lagárticas vive el de a pie, joder. 

¡Larga vida a Muerte Canina!